Pregúntame hoy, anda, atrévete. Este día mi respuesta sería como sigue:
La boda fue el 12 de marzo de 1998. Ese fue el día que juré estar junto a ella toda la vida. Esa promesa sigue en pié. Han sido trece años, trece maravillosos años que han forjado un amor inquebrantable, un amor indestructible.
A pesar de eso
Esta noche no está junto a mí, quizá la próxima tampoco lo esté, pero la distancia no es obstáculo para este amor que con tanto sacrificio cultivamos y cosechamos.
En nuestros pechos fue tallado un amor que ni siquiera el tiempo podrá borrar, porque es la esencia de nuestras vidas. Es el maná que nos alimenta. Es la ilusión que de niños hicimos realidad.
Es hoy, en la víspera de una gran celebración, que siento cuánto he perdido pero también cuánto he ganado. Gané experiencias y recuerdos, la pasión de ser amado y este amor que siento. Me gané este compromiso insoluble, indivisible e inmortal que arderá en mi pecho como un sol y es tan masivo como el universo. Lo atesoraré como al Arca del Pacto y jamás permitiré que otro amor lo sustituya, como este amor no hay otro igual. Además gané la experiencia, o el wake up call, que ha encendido en mí la responsabilidad, la sinceridad, el respeto y la paciencia que harán de mí otro ser humano, un ser humano respetable y digno de admirar.
Soy feliz con lo que me toca, pues en mi mente y pecho vivirá su recuerdo para siempre y lo que de ella aprendí, mucho de amor, de esperanza y de perseverancia.

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